Cosas de la realeza

EL PENE DE NAPOLEÓN

Se decía que Napoleón era bajito, 1,68 de altura, que para aquella época era estar por encima de la media seguro. Pero sobre lo que siempre ha habido cachondeo es sobre el tamaño de su pene. El pene de Napoleón todavía existe o eso nos han vendido. La historia de su conservación es confusa y ese es el principal escollo sobre la originalidad de la pieza; todo comenzó el día de la autopsia un día de 1821, cuando el cirujano Francesco Autommarchi, dicen que mutiló el órgano frente a 17 testigos. Unos de los asistentes comento:

Sus órganos sexuales eran pequeños, y en apariencia se encontraban atrofiados. Se dice que era impotente desde algún tiempo antes de su muerte.

Lo cierto, o se rumorea, es que un tal Anges Paul Vignali, capellán corso de la isla de Santa Elena, donde fue exiliado Napoleón por follonero, se la corto. Según cuenta John Lattimer, coleccionista además de urólogo, que guardó dicho adminiculo en un cofrecillo, fue un despecho hacía Bonaparte. Hay que tener en cuenta que el “buen” emperador abuso e insulto a sus compatriotas corsos de forma continuada. Los corsos como todos sabemos, son un pueblo pasional, mediterráneo, de Córcega. Teniendo en cuenta que en las latitudes de la isla donde estaba preso Napoleón, en medio de la nada del océano Atlántico, el cuerpo comenzaría muy pronto a descomponerse y a oler mal. Los soldados no estarían muy atentos, tampoco demasiado cerca, la verdad, y ese fue el momento que aprovecho el capellán para ejecutar su magistral corte en el miembro viril del emperador.

En cuanto a la procedencia y trazabilidad del pene de Napoleón, el señor John K. Lattimer (1914-2007) afirmaba que la duda ofendía y que tenía en su poder documentos que mostraban, sin duda, la procedencia del mismo hasta el mismísimo Vignali. En 1999 el pene de Napoleón fue vendido por 4.000 dólares en una subasta y el urólogo estadounidense se convirtió en su nuevo propietario. Nunca ha permitido que se mostrara en público o que se fotografiara. Llegó a ofrecérselo al Hospital de los Inválidos de París, pero se ha muerto sin recibir respuesta. Nosotros los españoles hemos pensado que los franceses no quieren que “esa pequeña parte de su historia regrese”, y ensombrezca, un poco más, la imagen de su emperador más famoso: Napoleón Bonaparte.

FELIPE, DUQUE DE ORLEANS, ALIAS LA DRAG QUEEN

Luis XIV, el rey Sol francés, tenía un hermano que perdía valvulina por la junta de culata. Felipe duque de Orleans fue definido por unos de los miembros de la corte, exactamente Saint Simon, de esta descriptiva manera:

Su señoría era bajo y barrigudo, y usaba unos tacones tan altos que parecía andar sobre zancos. Siempre se vestía como una mujer, con anillos, brazaletes y joyas por todas partes; llevaba una peluca negra, y multitud de lazos, además de usar toda clase de perfumes.

Por si fuera poco amaba vestirse con trajes impresionantes y pasarse por, los salones de Versalles, insinuándose y tirando besos a todo aquel buen mozo que se pusiera a su alcance. Luis XIV odiaba a los homosexuales, pero su hermano era la excepción al que permitía todo, inclusos sus ataques de mal humor. Cuando llegaba el momento de tomar decisiones importantes, le indicaba de forma vehemente: “Ahora vamos a trabajar; ve y diviértete”.

Pero a pesar de la pinta, Felipe era un valeroso guerrero en la batalla; aunque iba ataviado como de costumbre, un poco más comedido, no mostraba ni miedo ni temores.

CARLOS V, EL REY GLOTÓN

El emperador Carlos V era un tragaldabas y exigía a sus cocineros que le hicieran y descubrieran platos nuevos. Su mayordomo, el Barón de Montfalconnet, comentaba que ya no sabía como sorprender al soberano y que estaba pensando muy seriamente en prepararle un plato de relojes.

¿ERA BIZCA O TUERTA LA PRINCESA DE ÉBOLI?

Una de las mujeres más enigmáticas y bellas de la corte de Felipe II, «el Prudente», la Princesa de Éboli, duquesa de Pastrana y condesa de Mélito, Ana de Mendoza y de la Cerda (1540-1592), nos ha dejado la duda de si era tuerta o bizca, que las dos posturas eran defendidas en su tiempo. Todos los retratos que se conservan de ella, se la ve siempre con un parche en el ojo derecho. Algún historiador describe el parche como una redecilla hecha con sus propios cabellos y que era un antojo de la dama para llamar la atención. Pero Don Gregorio Marañón (1887-1960) que fue médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador español, la definió en su libro «Antonio Pérez» de “mujer fatal”. Por cierto estuvo enrollada con Antonio Pérez que era Secretario de Estado de Felipe II.

Marañón creía que lo que tenia en el ojo era una opacidad o bizquera, después de un intenso análisis estaba convencido de que era

una nube externa o leucoma, que da al ojo un particular aspecto lechoso, muy bien expresado por el hábil pintor, a través del parche transparente y, junto con la opacidad, una evidente desviación forzada del globo ocular hacia a izquierda.

SARNA CON GUSTO NO PICA

Enrique IV (1425-1474), «El Impotente», hermanastro de Isabel la Católica y rey de Castilla, estaba casado con Doña Juana. Tras siete años sin tener descendencia, en 1462 dio a luz a una niña a la que llamaron Juana, aunque nosotros la conocemos como «La Beltraneja» por sus enemigos. Este apodo despectivo le cayo en gracia debido a que su madre mantenía una relación amorosa extra marital con don Beltrán de la Cueva, ante la cual Enrique IV mostró indiferencia. Por su nacimiento hubo celebraciones por todo el reino y se le otorgo a don Beltrán el título de Conde de Ledesma “como recompensa a sus muchos e importantes servicios”.