Casos y cosas que pueden no ser verdad o no ser mentira.

Rey emérito

La legitimidad de las casas reales son cada vez más cuestionados en los estados modernos, excepto en Reino Unido, que parece que se ha instaurado definitivamente como una seña de identidad de los ingleses. En España la cosa esta fifty/fifty (mitad/iguales) los defensores y los detractores. Siempre ha habido rumores, en años pasados, ahora son realidades, sobre sus desencuentros, su separación, aventuras extra matrimoniales y demás. Pero vamos a uno de la conspiración que menos se nombra y más legendaria de Juan Carlos I, el rey emérito, término que no entiendo: se es rey o no.

Partamos de la base que solamente él, Juan Carlos, sabe lo que paso el 29 de marzo de 1956 dentro de esa habitación en la que se encontraba en compañía de sus hermano Alfonso. A Juan Carlos se le disparo el arma que estaba limpiando y mató a su hermano Alfonsito ─nombre con el que se le llamaba cariñosamente─ al entrarle la bala por uno de los agujeros de la nariz. Murió en el acto. Este simple y desgarrador hecho, al único que la facilita las cosas es al Generalísimo Franco, que solo veía como posible salida a la continuidad de su dictadura el nombramiento de un monarca para sus sucesión. De hecho cuando los primeros testigos del fatal accidente se presentaron en la residencia de Estoril ─Portugal─, lo que encontraron fue al príncipe Juan, padre de los infantes, que se había esmerado en amortiguar el impacto de la escena, tapando el cadáver de Alfosito con una bandera de España. Sobre esa bandera había hecho jurar a Juan Carlos que el disparo había sido accidental, fortuito y no, como se dijo, el resultado de un fatal duelo en el que los niños se apostaban el derecho a la corona.

Una imagen de Juan Carlos y su hermano Alfonso.

Los gobiernos de España y Portugal envolvieron bajo un oscuro velo de silencio y una espesa manta de olvido, el desafortunado suceso y casi nadie habla hoy de ello.

Los reptilianos

Diana Frances Spencer, princesa de Gales, Lady Di, tuvo un trágico final bajo el puente de Alma de París cuando perdió la vida al estrellarse el vehículo en el que viaja con la que era su actual pareja, el magnate Dodi Al-Fayed, dueño de los almacenes Arrows, un equivalente a El Corte Inglés español, contra un pilar de hormigón. A partir de ese mismo momento se forjo el mito para unos y la traidora para otros, además de ser una de las fuentes de rumores que más ha traído de cabeza a la monarquía inglesa y a los servicios de espionaje ingleses (MI6/5).

Parece que existen documentos que firma un tal David Icke en los que se dice que Diana llegó a conocer de forma profunda la identidad real de la familia real inglesas. Pero no su lado humano y sentimental, sino su forma física real llegando a ver su aspecto reptiliano ─algo así como los lagartos de V─ que es lo que se supone que son.

Según algunas teorías, los dirigentes de nuestro mundo son unos perfidos manipuladores de color verde, escamosos, a los que se conoce como «reptoides», «dinosauroides», «gente lagarto» u «hombres lagarto». Incluso dentro de los que creen en estos seres, no se ponen de acuerdo en su procedencia, se cree que viene de la constelación Alfa Dacronis; de una nave nodriza que esta situada junto a Saturno, donde además de ellos conviven más razas extraterrestres o, de la misma madre Tierra en la que la diversificación y evolución nos han diferenciado a nosotros los hombres descendientes del mono y ellos descendientes de los dinosaurios.

El caso es, que independientemente de su procedencia, son esbeltos, altos y fríos, como sus sistema circulatorio. Se les ha visto cerca de apariciones de platillos volantes, luces extrañas y ganado mutilado. Parece que pueden cambiar de aspecto y se alimentan de sangre. Se les concede la habilidad de alternar con los humanos como un igual. La lista de resptiliano es grande e incluso se cree que ya los hay de generaciones mezcladas con humanos y que se dedican a ejercer poder mental sobre nuestra raza. Los Clinton y los Bush parecen ser reptilianos. También Tony Blair, los Rockefeller, los Rotschild ¿Lo será también el actual habitante de la Casa Blanca, Donald Trump?

Unos cuantos de los reptilianos que nos gobiernan o gobernaron: Isabel de Inglaterra, George Bush y Obama. Nadie se libra.

Para los crédulos son los verdaderos Illuminati, creadores de religiones, y barreras raciales que mantienen a la humanidad dividida, ciega y sometida a sus frías inteligencias. De ahí que se relacione a estos con la serpiente del Génesis biblico en la que tentó a Eva para comer el fruto prohibido junto a Adán y ser expulsados del paraíso terrenal. Además de una larga lista como los anunnaki sumerios, los momo dogones, los djinn de Oriente Medio, los naga indios, los kappa japoneses o el Quetzalcoalt azteca.

Pero volviendo a Lady Di. El padre de Dodi Al-Fayed, no ha dejado nunca de decir que ha habido algo turbio en la muerte de su hijo y la princesa. Las sospechas apuntan al duque de Edimburgo ─el esposo de la Reina Isabel─ y sobre el ex marido de Lady Di, el príncipe Carlos de Inglaterra. El MI6, la CIA y el Mossad (servicio secreto israelí) son también parte de la conjura que trataba de evitar a toda costa que un musulmán se convirtiera en padre legal de los hijos del príncipe Carlos y por tanto, del futuro rey del Reino Unido.

Así quedo el vehículo en el que viajaba Lady Di y Dodi Al-Fayed cuando chocó contra un pilar en el interior del túnel de Alma de París.

Todo esto los podemos aderezar con un supuesto complot que afirma que el chófer no había bebido, como se había dicho, para lo que se cambiaron las muestras de sangre. De la misma manera, se afirma que Diana no murió en el accidente, que murió posteriormente asesinada dentro de la ambulancia que la llevo al hospital, a manos de unos sicarios disfrazados de personal sanitario. Pero al final, los que pagaron los platos rotos fueron los periodistas, los paparazzi, que en una “brutal persecución” crearon una situación tensa que forzó al accidente.

Lo cierto es que ya se ha tapado el asunto, dentro de 50 años igual se aclara algo, pero esto último, lo de los paparazzi, le vino muy bien al establisment para tapar todas las posibles alternativas que apuntaban directamente a ellos.