Canciones satánicas: Hotel California, The Eagles

Cuando contaba con tan sólo 11 años, mi hermano mayor, Rinqui, fue de viaje de fin de curso a Mallorca. Me dijo que traería música chula, ya que allí había muchos discos de importación. Así fue, trajo uno de Jethro Tull (Songs From The Wood) y otro de Pink Floyd (Wish You Were Here). También trajo un single, de aquellos de 45 rpm (revoluciones por minuto) de unos americanos llamados The Eagles. En cuanto tuve dinero, 500 pesetas (3 €uros), fui corriendo a Cádiz a comprar el LP, montado en el chulo, un autobús con conexión a una catenaria, muy parecida al TRAM de Castellón y me presente en el Palacio de la Moda, una tienda de ropa con una sección de música en la primera planta, situado al principio de la calla Ancha y allí me lo compre. Mi primera compra musical. Pero vayamos a los que he descubierto de mayor y que es el meollo de esta entrada que me ha dejado perplejo.

Desde su publicación en 1976, The Eagles se han visto obligados a desmentir los más variados y delirantes rumores en torno a los supuestos mensajes ocultos en la canción y en la portada del álbum. En un principio, The Eagles encajaron bastante mal estas acusaciones, pero con el paso del tiempo aprendieron a tomarse las cosas con filosofía e incluso se permitieron una pequeña broma al titular su álbum de regreso a principios de los 90 Hell freezes over (El infierno se congela), que por cierto, en cuanto lo vi, también compre.

Portada del mítico álbum Hotel California de los Eagles

La portada de Hotel California pretendía, en palabras del batería de The Eagles, Don Henley, transmitir «gloria ajada, pérdida de inocencia y decadencia», pues éstas eran las características que The Eagles veían en los Estados Unidos de 1976. Para ello, eligieron la fachada del Beverly Hills Hotel bañada en la luz crepuscular. Cuando el texto de la canción que abría el Lp fue interpretado en clave satánica, se dijo que ese Hotel California era en realidad la Iglesia de Satán de Anton LaVey que, mira tú por donde, estaba ubicada en la California Street de San Francisco.

Pero ¿qué tiene ‘Hotel California’ para haber sido interpretada en este sentido y haber levantado tanto revuelo? Don Henley ha declarado en varias entrevistas que el tema de la canción es la cocaína, que se trata de una canción contra el abuso de esa droga. Glenn Frey declaró en 1979:

La canción ‘Hotel California’ habla en contra del exceso de cocaína. Nosotros no siempre hemos hecho las cosas con moderación, pero nos estábamos imaginando cómo te quemas lentamente, el largo plazo. Si consumes cocaína como la consumen los indios —cuando tienes que hacerlo, pero no todo el tiempo— no te intoxicas. Doy gracias a Dios porque tengo amigos íntimos que, si estuviese desperdiciando mi vida, me lo dirían.

Es muy posible que esto sea cierto, ya que a finales de los años 70 la cocaína era la droga de moda y estaba causando serios problemas a mucha gente. El problema es que eligieron para el tema un tratamiento a base de símiles y metáforas mal interpretadas que permiten una fácil lectura en clave satánica. Analicemos la letra de la canción por partes, estudiando sus dos posibles matices, y veremos que, en realidad, cualquiera de los dos puede ser válido.

There she stood in the doorway;
I heard the mission bell
and I was asking to myself,
«This could be Heaven or this could be Hell».
Then she lit up a candle
and she showed me the way.
There were voices down the corredor,
I thought I heard them say…
Welcome to the Hotel California.
Such a lovely place.
Such a lovely face.
Plenty of room at the Hotel California.
Any time of year, you can find it here.
Ella estaba de pie en la entrada.
Oí la campana de la misión.
y estaba pensando para mí:
«Esto podría ser el Cielo o podría ser el Infierno».
Entonces, ella encendió una vela
y me enseñó el camino.
Había voces abajo, en el pasillo,
creía que les oía decir…
Bienvenido al Hotel California.
Un lugar tan encantador.
Una cara tan encantadora.
Hay muchas habitaciones en el Hotel California.
En cualquier momento del año lo puedes encontrar aquí.

La mujer que espera en la entrada puede ser tanto la cocaína, como la sacerdotisa encargada de la iniciación del nuevo adepto. El pensamiento «Esto podría ser el Cielo o podría ser el Infierno» hace referencia a las dos caras de las drogas, tal y como las definió Huxley en su obra Cielo e infierno, es decir, que toda droga puede llevarte al Cielo o al Infierno. Finalmente, el protagonista de la canción accede a probar la cocaína/ingresar en la Iglesia de Satán. Las voces en el corredor pueden ser las de los adictos o las de los fíeles que le dan la bienvenida a la adicción/congregación.

Los componentes de The Eagles

Her mind is Tiffany-twisted,
she got the Mercedes bends.
She got a lot of pretty, pretty boys,
that she calls friends.
How they dance in the courtyard,
sweet summer sweat.
Some dance to remember,
some dance to forget.
Su mente es retorcida al estilo Tiffany,
tiene las curvas de un Mercedes.
Tiene a un montón de chicos guapos,
a los que llama amigos.
Cómo bailan en el patio,
dulce sudor de verano.
Algunos bailan para recordar,
otros bailan para olvidar.

Las alusiones a Tiffany’s, famosa y exclusiva joyería de Nueva York, y a la marca de automóviles Mercedes pueden hacer referencia a lo atractiva que resulta la cocaína y también a su fama de droga de lujo, para ricos. Igualmente, puede interpretarse que la sacerdotisa es hermosa y por ello atrae a los adeptos/adictos —esos «chicos bonitos»— que bailan en el patio, como las brujas bailan en los aquelarres.

So I called up the Captain,
«Please bring me my wine».
He said, «we haven’t had that spirit here
since nineteen sixty nine».
De modo que llamé al Capitán,
«Por favor, tráigame mi vino».
Él dijo: «No hemos tenido ese licor aquí
desde mil novecientos sesenta y nueve».

¿Quién es ese misterioso Capitán? Tanto puede ser un camello como Anton LaVey como el mismísimo Diablo. Es también significativo que el protagonista le pida vino, puesto que el vino es el licor que se convierte en la sangre de Cristo durante la comunión en las misas del culto católico, y más aún que ese Capitán le conteste: «No hemos tenido ese licor aquí desde 1969», que es un año clave en el estudio del satanismo en el rock.

And still those voices are calling from far away,
wake you up in the middle of the night
just to hear them say…
Welcome to the Hotel California.
Y todavía esas voces te llaman desde la lejanía,
te despiertan en medio de la noche
sólo para oírles decir…
Bienvenido al Hotel California.

Las voces que llaman al protagonista pueden ser un símbolo de la tentación de volver a caer en el hábito de la cocaína, pero también de las graves secuelas psicológicas que quedan en el individuo que ha pertenecido a una secta.

Mirrors on the ceiling,
the pink champagne on ice,
And she said «we are all just prisoners here,
of our own device»
And in the master’s chambers
they gathered for the feast.
They stab it with their steely knives,
but they just can’t kill the beast.
Espejos en el techo,
el champán rosa en el hielo.
Y ella dijo: «Aquí todos somos prisioneros
de nuestro propio juego».
Y en las cámaras del maestro
ellos se reúnen para la fiesta.
La acuchillan con sus cuchillos acerados,
pero, simplemente, no pueden matar a la bestia.
Está claro que un adicto a la cocaína acaba siendo prisionero de la sustancia y del estilo de vida que ésta le impone, pero también las sectas tienden sobre sus nuevos adeptos una telaraña de la que resulta difícil escapar. La imagen elegida en los cuatro últimos versos para simbolizar el intento desesperado del adicto/adepto de dejar la cocaína/secta no puede ser más nefasta para las posteriores interpretaciones que de la canción se realizaron.

Last thing I remember,
I was running for the door.
I had to find the passage back
to the place I was before.
«Relax», said the night man,
we are programmed to receive.
You can checkout any time you like,
but you can never leave!
Lo último que recuerdo es que estaba
corriendo hacia la puerta.
Tenía que encontrar el camino de vuelta
al lugar donde estaba antes.
«Relájate», dijo el hombre de la noche.
Estamos programados para recibir.
Puedes inscribirte siempre que quieras,
¡pero nunca te puedes ir!

Al final de la canción, el protagonista relata su intento frustrado de huir del hábito… o de la secta.

The Eagles se han pasado mucho tiempo defendiendo su versión contra la de los fundamentalistas cristianos de todo tipo, Finalmente, en su último disco, acaso esperanzados en la menos sociedad mojigata de los 90, se decidieron a incluir una canción que recupera la tradición de Hotel California, es decir, la elección de un lugar norteamericano que les sirva para definir el estado actual de su nación. En este caso, The Garden of Allha (El jardín de Alá) fue la finca de una actriz de cine mudo llamada Allá Massanova, que posteriormente la convirtió en una especie de complejo hotelero donde se hospedaron algunos de los escritores (Scott Fitzgerald, Aldous Huxley) que en los años 30 visitaron! Hollywood para escribir guiones de cine.

Es, por tanto, otra canción sobre un hotel en la que, esta vez, The Eagles no tienen ningún reparo en hablar abiertamente de Satán. La aparición del Maligno en la canción la explica Don Henley en una entrevista en Internet:

Me considero una persona espiritual, y (…) estoy fascinado por la religión y por la mitología que la rodea, y Satán es parte de esa mitología. Después de crecer y recibir una educación, no estaba ni de cerca tan asustado respecto a algunas de esas cosas que me atemorizaban cuando era más joven, en la Iglesia, recibiendo sermones sobre el fuego del Infierno y un montón de cosas terribles. […] Estoy realmente fascinado por todas esas cosas, entre ellas el Diablo porque no le tengo miedo. De hecho, hay un verso en la canción en que el Diablo le dice al joven: “Siempre me gustaste porque no me tenías miedo”. Y hay algunos libros maravillosos sobre Satán.[…] Hay un libro llamado El Maestro y Margarita que fue escrito por un novelista ruso en los años 30 (Mihail Bulgákov, que resulta ser el mismo libro que Marianne Faithfull prestó a Mick Jagger y en el que éste se inspiró para escribir la letra de ‘Sympathy for the Devil’). Existen libros de Stanley Elkin, uno de mis autores favoritos, sobre Satán, y Satán es una especie de personaje humorístico en algunos de estos libros. Es un tipo simpático.

Considero estas declaraciones de Don Henley, porque captan la idea del uso de la figura del Diablo en los textos de las canciones de rock como un recurso literario, como una metáfora de todo lo que el Demonio —como personaje mitológico— representa: rebeldía, tentación, libre pensamiento, individualismo, maldad, castigo… Es el reflejo del espíritu intelectual de los años 70, de un satanismo culto que huye de la superstición popular y que se distancia claramente de su hijo bastardo: el satanismo burdo y sangriento del heavy metal de los años 80.

Leído en:
Satanismo y brujería en el rock, Jota Martínez Galiana