Belle Gunness un misterio sin resolver

Un anuncio en el periódico local de La Porte, en el estado de Indiana en los Estados Unidos, despertó los impulsos libidinosos de varios caballeros del municipio. Belle Gunness, una mujer noruega afincada allí, explicaba en un anuncio sus intenciones de buscar un buen esposo y formar una familia estable. Pero para poder acceder a la candidatura había que cumplir un requisito: demostrar su empeño y que no iban con tonterías, debían entregar la suma de entre 5.000 y 20.000 dólares a la señora en cuestión. Eso hacía que los candidatos debieran llevar obligatoriamente importantes cantidades de dinero encima el día del encuentro. Lo que resultaba extraño era que todos los pretendientes que iban a ver a Belle Gunness desaparecían sin dejar ningún rastro.

Casada en dos ocasiones, a uno de sus maridos lo eliminó envenenándolo con estricnina y al otro lo eliminó a base de golpes, hundiéndole el cráneo. Dejó morir a sus propios hijos en un incendio provocado por ella misma el 27 de abril de 1908. Cuando las autoridades decidieron definitivamente cavar en el terreno que ocupaba la granja aparecieron gran número de cadáveres.

Gunness nació el 11 de noviembre de 1859 en una aldea noruega. Aunque este dato puede que no sea cierto del todo, ya que no hay constancia documental. Era la menor de ocho hermanos y su padre Paul, era un granjero que, para obtener dinero extra, ejercía como mago en un circo que recorría el país. Gunness cuando era niña trabajó con su padre en pequeños números ejerciendo de equilibrista.

Con 20 años decidió abandonar su país e irse a Estados Unidos. Era ambiciosa, deseaba por encima de todo hacerse rica, y en Noruega, su tierra natal, eso parecía imposible para la hija de unos granjeros. En la década de los 80 del siglo XIX llegó a la tierra de las oportunidades.

Como a todos los emigrantes, al principio fue difícil. Belle Gunness se unió a la comunidad escandinava de Norteamérica y aceptó pequeños trabajos como asistenta doméstica. Pero sus sueños no eran los de andar toda la vida entre fogones y limpiando.

Por eso se dedicó a buscar un marido de la misma manera que se busca un empleo. Y en 1884 su constancia dio su fruto en la ciudad de Chicago. El candidato se llamaba Mads Sorenson, un comerciante sueco con recursos económicos, que llevaba tiempo con ganas de formar una familia estable, ya que su ideario era de carácter conservador. Era muy casero. El problema fue que descubrió que Belle no se podía quedar embarazada, así que decidieron adoptar a tres niños: Jenny, Lucy y Mirtle. En este momento quedó formada la familia que de momento parecía feliz.

Comenzaron también los sucesos inexplicables y misteriosos. Mads montó una confitería que Belle regentaba, pero que no generaba apenas beneficios. Tanto la tienda como la casa, aseguradas contra cualquier desastre, en un relativo corto espacio de tiempo se incendiaron, se supone que de forma fortuita, aunque los bomberos no hallaron una explicación. Menos mal que ningún miembro de la familia sufrió daños físicos.

El matrimonio, con el dinero que había cobrado de las pólizas, una suma considerable, adquirió una nueva vivienda mucho más lujosa en Austin, Texas. Belle Gunness, previsora ella, convenció a su esposo de que, como había hecho anteriormente con el comercio y con su hogar, se hiciera él un seguro de vida. Pensando que su mujer quería para él y para su familia lo mejor, firmó no una, sino dos pólizas, que cubrían a su mujer en caso de que falleciera. Como era de esperar Mads falleció al poco tiempo de forma inesperada de un ataque al corazón. La viuda, aunque parecía afectada, no perdió tiempo y fue a cobrar las pólizas de 8.000 dólares, cantidad bastante abultada para la época. Pero hete aquí que uno de los forenses dejó caer que la muerte de Mads podía haber sido desencadenada por el consumo de estricnina. Así que Belle Gunness sin perder un minuto, incineró el cadáver de su marido para que nadie pudiera profundizar en la investigación.

Con el dinero conseguido adquirió una casa de huéspedes en la misma ciudad. Pero el negocio no funcionó. Era difícil conseguir inquilinos para las habitaciones. Así que ni corta ni perezosa aseguró el inmueble y, como viene siendo costumbre, al poco tiempo se produjo un incendio que consumió la construcción hasta los cimientos. Belle recuperó 4.000 dólares de la aseguradora que nada pudo hacer para evitarlo.

Belle Gunness se sentía observada, así que decidió andar con mucho tacto. Utilizó la técnica de coger el dinero y correr marchándose con sus hijos a La Porte, una ciudad del estado de Indiana, y allí adquirió una granja. Se volvió a casar en 1902. En esta ocasión el “afortunado” se llamaba Peter Gunness, un noruego afincado en Estados Unidos. Con él, aunque parecía imposible, tuvo un hijo y durante unos meses la cosa pareció funcionar.

Entonces, en un arrebato de pánico a lo que les podía pasar en el futuro, y por el bien de su marido, pidió a Peter que se hicieron una póliza de seguros. ¿Imaginamos lo que le iba a pasar al marido? No hace falta imaginar, Belle Gunness a las pocas semanas de que se activara la póliza, cogió una trituradora de carne y le trituro la cabeza. Explico a la aseguradora que la máquina le había caído en la cabeza de manera accidental al intentar bajarla de un mueble. Pero su hija Jenny dijo que lo había visto todo, por lo que tuvo que convencerla de que no dijera absolutamente nada. Pero claro, en este caso la investigación fue un poco más intensa y profunda, dados los antecedentes de Gunness. Al final se declaró muerte accidental y otra vez cobró la poliza. Eso sí, su hija Jenny, desapareció misteriosamente. Belle explicó que la había enviado a estudiar a la Universidad de San Francisco; pero sus amigos y en especial un medio noviete no lo tenían muy claro. Jenny ni siquiera se despidió de ellos y no dio ninguna muestra más de vida, algo que parecía demasiado sospechoso.

A todo esto, Gunness seguía empeñada en conseguir más maridos. Así que puso un anuncio en un periódico en el que explicaba que quería formar una familia estable con algún buen hombre. A pesar de que ya no era la joven atractiva y había engordado bastante, además de haber perdido gran parte de la dentadura, hubo muchos pretendientes que se molestaron en acercarse a conocerla. A los que la visitaban les decía que, para demostrar que valían la pena, deberían regalarle entre 5.000 y 20.000 dólares. Según iban apareciendo los candidatos con el dinero, desaparecían con la misma facilidad. Casualmente casi todos eran varones solteros, personas solitarias, sin familia, por lo que casi nunca nadie los reclamaba. Además coincidía que era la época en que la gente buscaba oportunidades y para ello viajaban constantemente, con lo que era difícil seguirles el rastro y además desaparecían por un buen tiempo.

Sólo hubo un superviviente: George Anderson. Se presentó en casa de Gunness con el dinero, así que ella, diligentemente, lo invitó a pasar la noche en la casa, simulando que empezaban una relación de pareja. Él ocupó la habitación de invitados y de madrugada, se despertó sobresaltado al percibir un resplandor. Al abrir los ojos vio a Belle mirándolo con los ojos inyectados en sangre y con una vela en la mano. Anderson, con un susto de muerte en el cuerpo, cogió su ropa de un puñado y salió de la casa como alma que huye del diablo, sin volver la vista atrás y sin solicitar la devolución del dinero. Se había salvado por los pelos.

Más adelante Belle Gunness se casó con Ray Lamphere, un carpintero de 30 años de edad. Coincidió que en 1907 lo contrato para arreglar unos desperfectos en la granja, pero como buena seductora, lo convirtió en su amante y acabó viviendo con ella. Pero aun teniendo compañero de cama, apalabro matrimonio con otro pretendiente, Andrew Helgelien, con poder adquisitivo, culto y educado. Andrew sacó todo el capital que tenía en el banco, próximamente unos 3.000 dólares, que entregó a Gunness y ésta para evitar conflictos, echo con cajas destempladas a Ray. Este se fue, pero desde ese momento se dedicó a vigilar y acosar a Belle. Esta que no era tonta, aprovechó en propio beneficio este acoso y denunció a las autoridades a Ray diciendo que la había amenazado con incendiar la granja, así que las autoridades lo detuvieron en varias ocasiones.

El 27 de abril de 1908 la granja ardió. Cuando las autoridades acudieron se encontraron a los niños muertos. Pero de Andrew no había ningún rastro. Lo que se había era un cuerpo sin cabeza de una mujer, con las ropas y los anillos de Belle, aunque, eso sí, la envergadura parecía ser diferente. Pero claro la idea general fue que Ray había asesinado a su ex amante, decapitandola y metiendo fuego a la granja. Por ello fue detenido y encarcelado.

Aquí hubiera acabado todo de no ser porque apareció el hermano de Andrew Helgelien. Exigió a las autoridades que abrieran una investigación para saber que había con él.

En este momento fue cuando las cosas feas para Belle Gunness. Atando cabos aparecieron muchos interrogantes. Las desapariciones de muchos pretendientes, la pérdida del rastro de su hija Jenny, que se comprobó que no estaba inscrita en ninguna universidad; los constantes incendios y muertes aparentemente fortuitas que le proporcionaban a Belle cantidades abundantes de dinero, al cobrar varias pólizas de seguros.

Los agentes, no se sabe bien por qué, decidieron entonces excavar el terreno colindante a la casa incendiada y así fue como salió todo a la luz. Empezaron a aparecer cadáveres de hombres, así como ropas y relojes de los pretendientes asesinados. Y también aparece el cuerpo de Jenny y la cabeza de una mujer a la que Belle Gunness, se supone que había matado y mutilado para hacerla pasar por ella en el incendio. Al parecer era una camarera a la que convenció para que fuera a su casa, de ahí su presencia. La suma total fue de más de una docena de cadáveres, muchos con grandes dosis de veneno en el organismo. Se fueron atando cabos y se la relacionó con las desapariciones de hombres en otros municipio donde ella había vivido con anterioridad.

Pero de forma rocambolesca, Ray Lamphere fue juzgado y condenado a 21 años de cárcel, en noviembre de 1908, por la presunta muerte de Belle y de sus hijos. Parece que las autoridades creían que el cuerpo en la cabeza de la mujer aparecida en la vivienda eran de la asesina, a pesar de que todo hacía suponer lo contrario. Lamphere estaba enfermo de tuberculosis y con el encarcelamiento se acrecentó su malestar. Falleció entre rejas el 30 de diciembre de 1909.

En 1931 parece que se detiene a una persona que puede ser Belle Gunness. Se detuvo a una mujer de edad avanzada, llamada Esther Carlson, que había envenenado a un hombre para apropiarse de su dinero. Pero nunca se pudo comprobar ya que Esther falleció antes de que se realizara el juicio.

Ha aparecido material suficiente sobre esta mujer.

  • Una obra de teatro llamada El misterio de la señora Gunness.
  • Una periodista, Silvia Shepherd escribió un libro de investigación titulado La amante de la colina de los crímenes.
  • Y otra autora Lillian de la Torre escribió La verdad sobre Belle Gunness.
  • En 2004 Liz Hurley protagonizó la película Obsesión, la marca del asesino, dirigida por Duncan Roy.

También hay en la ciudad de La Porte un museo con una sección muy amplia dedicada a la figura de Belle Gunness.

Nunca se supo con seguridad si Belle Gunness murió en aquel incendio o si como todo indicaba, huyó con el dinero de sus amantes y comenzó una nueva vida en otras latitudes. Lo que si tenemos claro que mató al menos a 42 personas y que se ha convertido en una especie de leyenda urbana. Se recibieron muchas notificaciones de haberla visto en diferentes partes del mundo, pero nunca pudieron ser contrastadas.