Basajaun, señor de la selva

Basajaun, señor de la selva, es el genio que habita en lo más profundo de los bosques o en cuevas situadas en lugares prominentes. Tiene el aspecto de un ser humano de alta estatura. Su larga cabellera cae por delante hasta las rodillas, cubriendo el rostro, el pecho y el vientre. Protegía a los rebaños y su presencia es anunciada por las ovejas con una simultánea sacudida y resonar de sus cencerros.

Basajaun, señor de la selva
Basajaun, señor de la selva

Muskian Basajaunak – Basajaunes en Muskia*

Atáun (Guipúzcoa)

Dicen que en cierta época, los Basajaunes vivieron en la cueva de Muskia. Se dedicaban a cultivar las tierras de las cumbres de las montañas próximas cosechando gran cantidad de trigo.

En las tierras bajas vivían los cristianos, pero ellos no sembraban trigo, pues les faltaba su semilla.

Una vez, San Martín Txiki, habiéndose calzado botas muy grandes, subió a la cueva de Muskia y, al ver allí los montones de trigo, hizo una apuesta con los Basajaunes, haber quien lo saltaba más airosamente, de un solo impulso.

Los Basajaunes fueron los primeros en probar, saltando con suma facilidad. Cuando le tocó su turno, San Martín Txiki cayó intencionadamente en medio del montón de trigo y sus botas se llenaron de granos.

Cuando San Martín Txiki volvía a su casa, un Basajaun se percató de que llevaba consigo granos de trigo y le lanzó una hachita. Más no lo alcanzó y la hachita fue a clavarse en la base del tronco de un castaño de Olasasti.

Así fue como, desde entonces, los cristianos tuvieron semillas para cultivar trigo, aunque al principio no pudieron sembrarlas porque no sabían cuál era la época en que debían hacerlo.

Finalmente, en cierta ocasión, un cristiano oyó un Basajaun que, riéndose a carcajadas, decía:

«¡Ja, jaaa! Si supieran, ya lo harían,
al salir la hoja, siempre es el maíz.
Al caer la hoja, siempre se trigo.
Y por San Lorenzo, siempre ser el nabo.»

A partir de aquel día, el cultivo de trigo comenzó a difundirse por todos los pueblos.

* Baradian, José Miguel de, Obras completas, tomo II (Eusko-Folklore), op.cit.

Mapa del país vasco

Hiru Egiak* – Las tres verdades

Musculdy (Soule)

Cada año, al comenzar el otoño, los pastores descendían de las cabañas de los montes.

En cierta ocasión, unos pastores olvidaron su parrilla en la cabaña de la Sierra y recién cuando por la noche llegó el momento de cocinar las tortas de maíz, se dieron cuenta. Como tenía mucho temor de los Basajaunes, ninguno de ellos quería ir a buscarla. Finalmente, se prometió dar una suma de dinero que tuviera el valor de subir.

─¡Pues bien! Iré yo ─dijo un pastor.

Pero al entrar en la cabaña de la montaña se encontró con un Basajaun que había hecho un gran fuego y cocinaba las tortas sobre la parrilla. El hombre se vio asaltado por un gran temor al verlo, pero el Basajaun lo invitó a entrar.

– ¿Qué quieres?– le preguntó.

– He venido a buscar la parrilla.

– Si me dices tres verdades, de la daré y te dejaré marchar.

El pastor reflexionó durante un rato y luego dijo:

– Señor, algunos dicen que, cuando hay claro de luna, la noche es tan bella como el día; pero yo creo que la noche jamás esta luminosa como el día.

– Así es. Lo que dices es verdad.

– Señor, hay muchos que sí tienen un buen pan de maíz afirman que es igual al de trigo; sin embargo, para mí el pan de trigo es siempre mejor.

– Tienes razón, es verdad.

– Señor, si yo hubiera pensado que iban contrarios, no habría venido aquí esta noche.

– Te creo. Has dicho otra vez la verdad y te dejaré marchar con tu parrilla. Primero quiero darte un consejo: nunca más salgas por la noche para ganar dinero; hazlo a cambio de nada.

* Cerquand, L., Légendes et recits populaires du Pays Basque, en Vinson, Julien, Le Folk-lore de Pays Basque, op. Cit.