Amores tóxicos: Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas, “Bosie” para los amigos

En 1890 Oscar Wilde se encontraba en París, coincidiendo con la escritura de su obra Salomé. Debajo de sus aposentos había un típico bar parisino animado por una pequeña orquesta que impedía el natural desarrollo de sus ideas en la habitación que se alojaba. Para entrar en situación bajo al bar y persuadió a la orquesta que amenizaba el local para que la música estuviera acorde con los sentimientos que tenía que plasmar en las páginas en blanco. Para ello los abordo y solicito:

Estoy escribiendo una obra sobre una mujer que baila, con sus pies descalzos , sobre la sangre del hombre del que estaba desesperadamente enamorada y al que ha matado. […] ¿Podrían tocar ustedes algo que se adecuara a esto?

Los músicos, parisinos a fin de cuentas, curtidos en mil peticiones extrañas, no vieron nada raro en esta y procedieron a tocar la pieza más lúgubre y agónica que había en su repertorio. El escritor con su imponente porte, medía 1,91 metros, escuchó la melodía y satisfecho, regreso a su cuarto a seguir escribiendo, eso si, ante la estupefacción del personal que estaba departiendo amistosamente en el café, que dejo instantáneamente dejaron de departir.

En 1981 Wilde conoció a quien sería su martirio y perdición. Alfred Douglas, Bosie para los amigo, de 21 años de edad, lánguido, egoísta, vanidoso, frívolo, violento, malvado, rubio y con unos ojos azules de muerte. Wilde, treinta y siete. Bosie metió a Wilde en un mundo de prostitutos, chantajistas y jóvenes lumpen. También lo maltrataba, le gritaba, no le dejaba trabajar, era el centro de atención de todas las hora de su vida. Era una relación enfermiza, aniquilante. Wilde llegó a solicitar a su madre que le ayudara a quitarse de enmedio y lo mandara durante una temporada a Egipto. Wilde fue a Egipto, pero el constante correo, telegramas y súplicas que le mandaba Bosie, le recordaba constantemente a su amante. Wilde aguantó y cuando Bosie vio que su método no surtía efecto amenazo con suicidarse. Esto no pudo aguantarlo el escritor y se ablando.

Imágenes de Oscar Wilde y Alfred Douglas
Imágenes de Oscar Wilde y Alfred Douglas

Bosie y su padre no se llevaban bien e intento inmiscuir a Wilde en la batalla. Había dando vueltas por Londres un panfleto literario que, aunque con otros nombres, hablaba de la relación de Wilde y Bosie. Un día los vio en un café; inmediatamente le escribió una misiva diciéndole que, o dejaba a Oscar, o sería desheredado. A lo que Bosie respondio llamanadole «Eres un eneano ridículo». Una vez el padre insulto directamente a Wilde dejándole un mensaje: «Para Oscar Wilde, que se hace pasar (o que pasa) por sodomita (sic)». Entonces dio el paso definitivo y denuncio al marqués de Queensberry, padre de Bosie.

Los amigos de Wilde en un intento por protegerle, le aconsejaron que se marchara al continente, pero Bosie no quería y se enfrento a ellos. En el juicio, como era de esperar, comenzó a sumergir todos los detalles íntimos: cartas demasiado fogosas, relaciones inapropiadas con otros hombres, encuentros en lugares y de forma poco decorosa. El 5 de abril de 1895, Queensberry fue declarado inocente. Los asistentes al juicio ovacionaron con gran ímpetu la decisión del jurado. Y esa misma tarde fue detenido Wilde y encarcelado por conducta indecente.

Lord Alfred DouglasTodas las amistades de Wilde huyeron despavoridos a Francia; su casa fue embargada; sus libros fueron retirados de las estanterías de las librerías; su nombre fue borrado del teatro en donde se representaban “La importancia de llamarse Ernesto”; su mujer cambió su apellido y el de sus hijos (a los que Oscar no volvió a ver jamás), aunque acabó perdonando a Oscar e incluso le pasó una pensión vitalicia. En dos meses juzgaron dos veces a buscar Oscar Wilde. Testificaron chulos, chantajistas, camarera de los hoteles donde las sábanas dejaban, con sus manchas, fe de las relaciones homosexuales. El juez aclaró que «Es el peor caso que he tenido que juzgar en mi vida». Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados. Y todo por ser homosexual únicamente.

Wilde que era una persona tan sensible que era capaz de llorar con la belleza, fue llevado al extremo más sórdido de la naturaleza humana. Su celda media cuatro por dos metros y medio, estaba solo, pasaba 23 horas al día allí metido; dormía en una tabla sin colchón sobre el suelo y por supuesto, no tenía ni papel para escribir, ni libros que leer. Tenían prohibido que se comunicara o relacionara con los otros presos. Y así lo tuvieron encerrado durante tres meses. Su madre murió mientras él estaba en la cárcel y no pudieron despedirse.

Mientras tanto, Bosie, que se encontraba en Francia intentó publicar las apasionadas cartas de amor de Wilde que le había escrito durante el juicio. Sólo le podría perjudicar más aún. Ahora Wilde ya tenía claro la frivolidad de su amante. Incluso llegó a afirmar que sí se lo volvía encontrar lo mataría. Los amigos de buen consiguieron que no publicara las cartas.

Oscar Wilde en uno de sus famosos retratos
Oscar Wilde en uno de sus famosos retratos

Wilde salió de la cárcel a los dos años exactos de iniciar la condena. Pero ya no era el mismo, estaba enfermo y acabado como hombre. Sus amigos lo trasladaron Francia y reunieron entre todos un capital para poder mantenerlo. Al principio no quiso volver a tener contacto con Bosie, pero utilizó el mismo método que anteriormente citado y el corazón de Wilde se volvió a ablandar. A los cuatro meses se reunió con él. Pero ya no verá cómo antes; ahora Oscar no era el autor de más éxito, sino un hombre derrotado, un atestado. Al poco tiempo Bosie lo abandonó. Y las palabras que reflejaron el dolor de Wilde fueron:

Cuando mi dinero se terminó, se fue. Es, por supuesto, la más amarga experiencia de una amarga vida.

Después de esto, Oscar vivió como pudo un par de años con la pensión que le pasaba Constance su ex mujer. Pero estaba acabado y no era capaz de escribir. Había perdido la pasión por vivir. En 1900 una otitis contraída en la prisión se le agravó. Falleció en brazos del fiel Robert Ross con tan sólo 46 años y pobre como nunca podría haber imaginado. «Estoy muriéndome por encima de mis posibilidades». Bosie apareció cuando ya la tapa del ataúd estaba sellada. Monto su propio espectáculo: «Desempeñe el papel de cabeza del duelo en su funeral», se ufanaba en sus memorias. Como detalle final sólo le faltó bailar sobre la tumba de Oscar Wilde.